Gonzalo Artal Hahn

9.7.07

...Carta Abierta a la Familia a ser leída por la Traula...


Mi merenguismo e hipocondría me hicieron pasar días veraniegos enteros junto a la Omama... y ahora que lo pienso, tiene que haber sido gracias a esas mismas tardes insolao, con peste cristal o simple aguelismo -para remediar todo con los tradiconales sapitos, panqueques, wafles y más- que heredé la pasión por la lectura, porque sin duda, gracias a ella lucho por llenar todos los casilleros de cuanto puzzle pase por mis manos... y me atrevo, al igual que ella, a leer y narrar... (lo de engullir viene de antes)

...y claro, muy al margen quedará, como un dato bastante menor, que pasé con éxito la lección uno de las setecientas veintidós que se necesitan para asumir: “yo juego Bridge”, su deporte favorito...

Ayayay... (sé que podrás interpretar mi suspiro prima) Puta que duele y dolerá no verla más. Y como no, si se nos fue el ícono de nuestro matriarcado y eso se siente y reciente nuestra figura familiar... pero ojo, aunque ahora forme parte del destino o la cada vez más simpática causalidad saber quienes serán los llamados a cohesionar este grupo dado a los sin cortar los hilos y tantas otras volteretas alegres de la vida, no es menos cierto que esta viejuja de grandísimos ojos celestes nos dejó algo más que una herencia de historias y enseñanzas que sería un gusto transmitir.

Bien. Sé que Mario Benedetti advierte que no es bueno reservar del mundo sólo un lugar tranquilo, y desde mi zarrapastrosa trinchera, lo avalo, pues soy un convencido de que en el movimiento está la gracia: varía la constante búsqueda y permite el bendito encontrar...

Pero ahora, a pesar de nos ser visible su fuerza ni estar presente esa casona dónde acostumbraba a sacarnos intempestivamente los dientes, no es menos cierto que nos deja como exquisito legado el gran Hornos; este rinconcito de belleza inenarrable donde no sólo aprendimos a levantar objetos con los pies, a no levantar las manos a punta de apretar servicios, a pasar el chancho y “fregar” la loza, a encandilarnos con estrellas, nocticulas o cerros rosados; a querer, querernos y encontrar más que el riquísimo amor de casa... ¿¿o no Traula?? El amor entre la “flora” y la nutrida fauna...

En definitiva, Hornos es nuestro gran secreto para seguir perpetuando su legado y por sobre todo, para seguir construyendo familia.


 
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